Y así es el espíritu NICA

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Fue hace seis años cuando tuve la suerte de cruzarme en el camino con una estrella de la familia NICA. Sí, se trata de una estrella, como todos los que forman parte de este maravilloso equipo.

Comencé un nuevo trabajo y conocí a Lourdes, quien rápidamente me habló de NICA. Siempre había estado interesada en hacer un voluntariado y poder vivir una experiencia solidaria y esto suponía una gran oportunidad.

Sin embargo, lo que hizo realmente que me enganchara a este proyecto fue el espíritu honrado y entusiasta que les caracteriza. Mi amiga Lourdes fue una representación de ello en cuanto la conocí: tan transparente, divertida y optimista, cuyos padres, junto con los de su mejor amiga, habían creado una ONG.

Cuando oí la historia por primera vez, me quedé asombrada. Dos matrimonios se interesan por la situación que vivían los niños en Managua y deciden emprender este proyecto voluntariamente desde cero, con sus familias y trabajos estables.

Los promotores fueron contagiando a hijos y amigos del compromiso que tenían hacia el bienestar de los niños en Managua, del deseo de mejorar la educación y la vida de las personas, de dar sin pedir nada a cambio. No era de extrañar que cuando fui conociendo a todos los demás miembros de NICA, siguieran esa misma línea de compromiso y cariño hacia los demás.

Y así, me fui adentrando en la organización y preparándome para una de las mejores aventuras, mi viaje a Nicaragua. Cuando piensas en un voluntariado, todos vamos con la idea de ayudar, de aportar, de solidarizarse con el otro, pero en pocos momentos durante mi estancia me sentí así. Ocurrió todo lo contrario, o esa fue mi sensación; solo recibí.

Recibí acogida en cuanto llegué a los centros donde íbamos a colaborar, mucho amor por parte de los niños que buscaban nuestro abrazo continuamente, nuevos horizontes, lugares y personas admirables. Fue duro al mismo tiempo; salir de tu burbuja de bienestar y conocer las historias inhumanas que muchos de ellos habían vivido, las sonrisas que escondían tristeza, las condiciones en que, sin quererlo, habían nacido y debían aceptar. Todo ello, aun así, fue un continuo aprendizaje para mí y una reflexión de mis valores y objetivos en la vida. Todo fue recibir.

Y desde entonces, sigo intentando que esas vivencias nunca me abandonen y empapándome de entusiasmo y bondad por las personas que forman NICA. Así es, es el espíritu NICA de hacer las cosas con ilusión, de buen rollo, de apoyo, de sonrisas, de buena gente, de destacar lo positivo, de mirar hacia delante y de tener el firme convencimiento de que los chavalos son lo primerito.


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