Que el camino sea largo

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Es curioso cómo el miedo nos impide hacer los proyectos que más pueden aportarnos en la vida. Probablemente sean los más difíciles y por eso nos dan tanto miedo; quizás sean los más satisfactorios y por eso nos llenan tanto.

Me imagino que como cualquier voluntario del mundo o cualquier voluntario de NICA, que es lo mismo, tenía muchos miedos antes de llegar aquí a Nicaragua: ¿Se me dará bien? ¿Sabré lo que tengo que hacer? ¿Cómo serán los niños? ¿Las condiciones serán muy malas? ¿Me aceptarán?

Imagino que todo el que haya empezado un proyecto nuevo en su vida se habrá preguntado lo mismo. En mi caso es el primer proyecto social que hago en mi vida con 33 años y me sorprendió como nada más aterrizar Elena me dio un abrazo (si no me conoce de nada) y de repente ya no me acordaba de las preguntas de antes, pero había una nueva que me rondaba, ¿será verdad que los voluntarios son gente especial?

Mis amigos en España que también lo han sido me daban a entender que sí, porque son parte importante de que esté hoy aquí, pero ahora lo estaba viendo por mí mismo.

Y llega el primer día de clase y te encuentras en el colegio Monte Horeb, representado a NICA, una asociación a la que llevas apoyando años porque te lo pedía un “amigo pesado” en Madrid y al que le dabas el dinero incluso por costumbre, que habla a veces más que el que escribe estas palabras. En la puerta del colegio te vuelven algunos de los miedos comentados anteriormente hasta que llega Socorro, y no, no es una ironía.

Es la mujer fundadora del colegio en 1996 y que merece un blog aparte con sus 75 años. Sin avisar te da un empujón como quien te conociera de toda la vida y te dice “tú clase”, ni más, ni menos. Aparte de que sorprende la fuerza del empujón (duele) y te planteas si de verdad tiene esa edad, el clima del colegio, las clases y los niños hacen que el día pase sin darte cuenta y el camino empieza a tener algo de sentido.

De todas las historias nuevas que te llevas en unos pocos días hablaría de muchas, pero me quedo con una en especial. Tiene nombre y se llama Nelbia. Una niña que estudió en el Monte Horeb y que como todos los niños del centro son casos especiales con problemas económicos o familiares, y hasta ahí todo “normal”.

Lo diferente de la historia es que Nelbia acabó el colegio, consiguió ir a la universidad y a día de hoy no sólo tiene un título de comunicación sino que ayuda en una empresa a concienciar a la sociedad nicaragüense de los problemas de los residuos. Es decir, no sólo ha llegado a terminar una carrera, sino que actualmente la labor social que le ayudó a alcanzar la meta ha hecho que sea ella quién ayude a otros hoy día.

Resulta que llevo años diciendo una expresión que me dijo una amiga, “el Viaje a Itaca”, y todo lo que implica. Al investigar de dónde viene me encuentro que es del poeta Cavafis (quién no le conoce, claro), donde nos recuerda que lo importante es el camino y lo que aprendemos mientras lo recorremos. Él pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias. Es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

Para este primer post pido lo mismo, que el camino sea largo.


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