De vuelta al país de los lagos y los volcanes

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Hola, soy Clara, y hoy me toca a mí hablar de mi experiencia como voluntaria en Nicaragua. En el último post que publiqué os conté como era mi vida en allí hace 20 años. Ahora, después de una semana y media en este país tan exótico, retomo la historia.

Como casi todas las personas que van a viajar tan lejos de sus casas, el miedo a lo desconocido es un sentimiento que puede estar presente y que dificulta concentrarte en detalles tan importantes, pero a la vez olvidadizos, como las cosas que te vas a llevar en la maleta. Pues bien, esto tiene un doble sentido: porque en esa maleta no solo se guardan las cosas físicas que son necesarias para el viaje, sino también, tus experiencias, emociones y recuerdos.

Tras horas y horas de espera, cambios de avión, escalas en diferentes países y un cansancio agotador, por fin llego a Managua. Era tal y como lo recordaba: el calor que te deja sin respiración, el tráfico y el ruido de los coches y la gente cruzando sin miedo a que les atropellen (creo que no existen los pasos de cebra, o al menos, yo no los he visto).

Javi ya comentó en su post el recibimiento que nos dio Elena y tiene razón, porque yo tuve la misma sensación. Elena y su familia (su marido Usa, sus hijos Luis y Alejandra, su sobrina Sofía y su cuñada Luz) nos han acogido tan bien que ya les considero parte de mi familia.

Es lunes y comienzan las clases en el colegio Monte Horeb. Yo ya tenía claro que mi función allí era dar clases a los niños de preescolar. Las profesoras Ana y Morelia me consideran una profe más y me dan vía libre para enseñarles los números, el abecedario y los colores. Al principio te entran dudas porque no sabes si lo harás bien, pero eso dura unos segundos al ver que estos niños te sonríen, te dan abrazos y confían en ti.

Después de una semana con ellos, entre todos los voluntarios, nos dividimos para dar clases a los alumnos más mayores (preescolar y primaria por la mañana, secundaria por las tardes).

Queremos que conozcan la labor que estamos haciendo, las relaciones entre España y Nicaragua y sus costumbres y cultura. Lo hacemos de manera lúdica y divertida, y es increíble y muy sorprendente, la capacidad que tienen todos de retener cada palabra que les enseñamos. Sus ganas de aprender y el interés que muestran nos facilita mucho mejor el trabajo.


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